lunes, 4 de enero de 2016

Postmodernos.

Una mente abierta puede, e incluso debe venir acompañada de unas piernas abiertas. Porque la liberación sexual es una realidad casi alcanzable, y porque experimentar es la mejor forma de saber, y además de saber con muchos menos estigmas sociales de los que conlleva la experiencia de otros. Desestigmatizar, deconstruirse, descomponerse. O conocerse, lo mismo es. ¿Por qué llevo toda la vida acomplejada por mi físico? Porque mi físico está mal. ¿Por qué está mal? Porque lo que está bien es estar delgada, y ser guapa. Recordad: descomponerse, conocerse. Está mal ser gorda, está bien ser delgada. ¿Quién dice eso? Porque todo es aprendido, la única construcción social innata es la necesidad de sociedad, sea ésta la occidental o la tribu pigmea. Qué cuerpo está bien lo dice la sociedad. ¿Por qué lo dice? Porque es más bonito ver a una chica delgada que a una chica gorda. Y aquí saltan las alarmas. El sentido estético es subjetivo. Entonces... ¿Una construcción social tan problemática viene de un concepto abstracto y subjetivo como la apreciación de la belleza? Posiblemente. Porque yo no estoy delgada, ni soy guapa, pero mi cuerpo no está mal. Mi cuerpo es un cuerpo, y un templo. Puedo saltar, reír, llorar, disfrutar. Puedo correr, saltar, levantarme, acostarme (con quien quiera y como me apetezca). Puedo hacer lo mismo que cualquier mujer considerada correcta. ¿Qué está mal?
Pues bueno, esa es la triste pregunta. Lo que está mal somos nosotros. Somos quienes queremos creernos esos porque nuestras vidas vacías necesitan un objetivo, y ese objetivo es la perfección. En cualquier ámbito. Y al igual que nosotras estamos presionadas para ser fisicamente perfectas (En el concepto de perfección actual), ellos están presionados para ser competitivos, cachas y dominantes. Los roles de género que ningún lenguaje inclusivo va a destruir. Podéis seguir el pensamiento por este hilo, y atar cabos, y descubrir un patrón social real y tangible. Pero eso tenéis que hacerlo vosotros, el autodescubrimiento es sólo una etapa del largo proceso mental que supone tirar de la manta que nos cubre.
Leed, cread, dad un paso adelante. Que nadie os diga con quien acostaros. Disfrutad de vosotros mismos, y no os creáis ningún cuento. Vuestra libertad termina sólo y exclusivamente donde empieza la del otro. No molestéis a quienes tenéis al lado, sed la mosca cojonera del que os diga quienes sois. Molestadles, vuestras ideas ya de por sí les resultan insultantes.
La revolución no está solo en internet. Salid ahí fuera y sed vosotros mismos. La normalización de una situación se da en círculos pequeños, que se van expandiendo. Aprended. Y recordad que el día 4 de enero de 2016 David Bowie fue calificado en El Mundo como "postmoderno".

sábado, 27 de junio de 2015

Caída horizontal.

No me estoy hundiendo. No me ahogo dentro de mí misma.
El orgullo es difícil de perder pero ¿qué pasa cuando se recupera? Cuando el "te quiero" pasa a ser "me quiero...", y no va seguid de un " ...morir" también nos caemos un poquito. Pero un poquito a 423 kilómetros por hora, exactamente la misma velocidad que llevaba el tren que nos unía, pero esa es otra historia.
Me estoy cayendo, pero me caigo en horizontal porque no me hundo. No se si me caigo hacia mí, hacia ti o lejos, pero ya he tropezado. Y de aquí al final es todo
Caída

miércoles, 17 de junio de 2015

Destino

Las cartas han sido arrojadas sobre la mesa,
nos controlan crueles e indiferentes a nuestros anhelos.
Con sus hilos de incoherencia,
clavados en nuestros omóplatos.
Nuestras rodillas fallan cuando ellas lo deciden,
nuestro corazón bombea cuando ellas así lo quieren,
nuestros labios arden cuando ellas lo necesitan.
Nos hemos caído y ahogado en un río
cuya corriente, incesable e incansable,
no nos dejará tomar aire jamás.
Nuestros pulmones nunca más podrán respirar.
Y entonces estaremos sublevados.
Encerrados en una espiral de hechos
que acontecen sin cesar,

y que queramos o no estarán más relacionados
de lo que nunca seremos capaces de adivinar,
y de admitir.
La casualidad más caprichosa e irreverente
tal vez haya sido que estés a mi lado.
Porque sabemos con certeza,
que nos vamos a marchar,
a marchitar cuando lleguen los rayos,
a perder en la inmensa marea alta.

Y que no podremos evitar rompernos
para siempre,
cuando el destino sienta el capricho,
de separar nuestras espaldas,
nuestros labios,
nuestras manos,
nuestros huesos,
y nuestras almas.

miércoles, 10 de junio de 2015

La actitud desenfadada llama más la atención cuando estás rodeada de gente.

Me enamoré de ti en ese autobús, Marta (si te llamaras Marta, es lo que te diría). Pero igual podría haberme enamorado de ti en aquel bar donde (no) te vi tomándote una 1925 (si te gustara) y moviendo el pie al ritmo de una estúpida y triste canción de Soko (si esas canciones sonaran en los bares a los que no vas) que tuviera una estúpida y triste consonancia con el día de lluvia (si tal vez no hiciera sol). Si me conocieras, Marta (ya he decidido que no te llamas así, pero por si acaso), quizá apreciarías el sabor amargo de una 1925 y el amargor (aunque no lo saborees igual) de una canción triste sin nadie que la comparta contigo.
Pero se acerca tu parada (si es que fueras a una parada cercana). Tú no sabes nada, no sabes quién soy (supongo), ni mucho menos te acercas a ser lo quien yo creo que eres (si es que yo creyera en algo aún). Pero a tu modo, eres perfecta.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Oda al primer café de la noche.

Me gusta el café solo, sin leche ni azúcar. Me gusta el café sola, por la mañana en el suelo de la cocina; y en buena compañía después. Me gusta el café fuerte, caliente o frío pero fuerte. Me gusta el café a cualquier hora del día o de la noche. Me gusta el café.
Me gusta el café exactamente igual que me gusta la vida.

lunes, 25 de mayo de 2015

Lloré cuando te fuiste, y cuando volviste.

Creo que estáis olvidando que la vida no sigue. La vida no es continua. La vida pasa, y cambia, y se para. Sobre todo se para. La vida te da muy fuerte, para bien y para mal, y se alía con el tiempo para que no te des cuenta. ¿Donde está septiembre? Ahora ya se ha terminado. Y todos los meses que vinieron detrás.
El tiempo ha pasado, yo he tomado mis decisiones y he llegado hasta aquí. Pero después de mil abismos me encuentro con que solo había saltado piedras que casi no se levantaban del suelo. Ahora tengo ante mi el verdadero agujero por donde llegar al centro de la Tierra. O eso parecía hace un segundo, porque la vida (esa arma de destrucción masiva) ha vuelto a hacer de las suyas y ahora estoy en caída libre hacia el suelo. Si es que lo hay.
Qué cerca está todo, y qué lejos están ya ellos... Qué mayores nos hemos hecho con los años, y qué pequeña me siento si no las tengo a mi lado con el uniforme del colegio en los recreos. No me imagino siendo yo la que se va, volviendo a esa estación a despedirme, pero ser yo la que se sube al tren sin haber comprado billete de vuelta. Verlos alejarse por la ventanilla. ¿Qué pensaré en el momento? ¿Habrá si quiera alguien allí despidiéndose o no habré querido molestar con escenas de película de sobremesa en casa de la abuela?  Y la vida, que se aburre demasiado a veces, se ha propuesto que de respuesta a esas preguntas.
Siempre pensé que este día no llegaría nunca, que me rendiría antes. Luego pasó todo, y sentí que de verdad no iba a llegar. Y ahora, quedan tres meses y pocos días para saber qué han sentido ellos cuando era yo la enana que se quedaba sola llorando en la estación.

La vida no es continua, pero continúa. Queramos o no. Es nuestra decisión hacerla valer la pena. +

martes, 7 de abril de 2015

Me fallan las ganas.

Hoy me he quedado sin fuerzas. Será la regla, los estudios (que me están matando este año), el día de mierda que llevo o cualquier otra cosa, pero hoy simplemente no puedo más.
Vuelvo a ti, como siempre, una vez más; a decirte en una entrada lo que no tengo ganas de decirte por chat. Porque nunca tengo ganas de decirte nada por chat. Me parece un medio de comunicación horrible, frío, vacío de sentimiento y expresión. Me comunicaría mejor por tam-tam y además tendría más clase. No, yo quiero hablarte sobre como de bien me he sentido esta mañana cuando me han hablado como si fuera una más, y sobre como de mal me ha sentado la nota de matemáticas. Quiero hablarte sobre el coraje que me dan cosas banales, y sobre lo que me importan otra sarta de estupideces. Pero quiero hablarte sobre eso compartiendo el sofá, la cama, el espacio. No me gusta ese chat. Estoy enfadada con él.
Quiero decirte que te quiero de mil maneras, pero estoy muy cansada como para ponerme a buscar palabras que lo expliquen. Es mucho más fácil darte un abrazo y un beso.
Quiero acostumbrarme a ti.
Acostumbrarme a mí, a las entradas vacías de contenido, a los días que no pueden ser de colores.
Mañana será otro día. Dicen.