sábado, 1 de julio de 2017

Madrid, una vida

Centro. Callao. Una mirada. Gran vía. Chueca. Una sonrisa. Malasaña. Una cerveza. Sol. Ciudad Universitaria. Una película. La Latina. Ir de la mano. Lavapiés. Un beso. Moncloa. Una tarde en el parque. Madrid. Quererse. Quererse en público, con orgullo y sin vergüenza. Quererse sin pronombres, sin colores, sin distinciones. Quererse a uno mismo y querer a otros. Disfrutar. Visibilizar. Actuar. Luchar.
Vivir.

martes, 21 de junio de 2016

Me da miedo preguntar si quiera
Y no me tomes a mal, nunca he sido una cobarde
O quizás no me han explicado qué es exactamente ser valiente
Pero sí se que no temo a una verdad
Que podría verme de nuevo ante mi abismo
Y no sentir nada.

El miedo que tengo ahora es a la pregunta
No a la respuesta
No a la verdad
No a la mentira.
El miedo que tengo ahora es al tiempo
Al camino, al grito, a la indiferencia
El miedo que tengo es al mundo
Porque puedo enfrentar mi abismo
Pero no el vuestro. 

Y aún así voy a obligarme
No espero respuesta
Porque mi superación está en la pregunta
Porque ayer me pregunté a mí misma
Y el mero hecho de cuestionarme me aterrorizó
¿No sentís vosotros verguenza
De lo que le estamos haciendo al mundo?

domingo, 7 de febrero de 2016

No estás en todas, todas están en ti. Mi único "tú" con permanencia.

Hoy diría que he vuelto a verte en otros ojos. Marrones, como los tuyos. Revolucionarios, como los tuyos.
Me gustan los quizás, y las posibilidades. En el hipotético caso de que supieras tocar el banjo, sería tuyo ese que tenías (suponiendo que fueras tú) en la mano, "this machine kills fascists", decía.
Posiblemente me habrías sonreído al acabar, cuando me he acercado a pediros un disco. Quizás también me habrías dicho "no parece que te guste nuestra música", y en el hipotético caso de que te apeteciera hablar con una desconocida demasiado elegante, a mi respuesta ("si no puedo ir de camisa y tacones, no es mi revolución") habrías contestado con una sonrisa, un guiño y una invitación ("voy a por una cerveza, ¿vienes?")
Cuatro cervezas y unas bravas después ya se que te llamas Carmen y eres gallega. Que llevas 8 meses en Madrid. Que me sacas unos cuantos años de edad y otros tantos de ventaja en la vida. Que tocas el banjo (eso ya lo sabía) y que (dices) eres capaz de tocar de memoria Far Beyond the Sun, de Malmsteen. Eso último es tan hipotético que te diría que no me lo creo, que es mi reto musical, y que yo también toco la guitarra y cualquier cosa con cuerdas. Suponiendo que no supieras ya que yo no miento, que sólo hablo diferente cuando lo necesito, me dirías que no es posible. Y entonces yo sonreiría como siempre, y tu verías que sigo siendo yo. Que el maquillaje y los tacones y los abrigos largos no me ocultan del todo. Que para mí la libertad sigue existiendo a mi manera. Y yo vería que tus ojos no son exactamente marrones, y que da igual cuantos años tengas, para mí sigues siendo una niña. Y suponiendo que llegáramos a esa mirada de un segundo y te veo, y tu me ves, y nos reconociéramos, entonces, solo entonces, te diría:
Te he echado de menos, hasta que me he dado cuenta de que sigues conmigo en todo. En la música, en la gente de la calle, en la solidaridad, en las discusiones políticas, en el cariño, en los silencios, en las equivocaciones. En los ojos de la gente.
Sigues conmigo y ya no te echo de menos.
Ahora solo quiero matar los recuerdos.
O darles vida.
O pedir la quinta cerveza.
El country no está tan mal si me lo tocas en el rastro.

lunes, 4 de enero de 2016

Postmodernos.

Una mente abierta puede, e incluso debe venir acompañada de unas piernas abiertas. Porque la liberación sexual es una realidad casi alcanzable, y porque experimentar es la mejor forma de saber, y además de saber con muchos menos estigmas sociales de los que conlleva la experiencia de otros. Desestigmatizar, deconstruirse, descomponerse. O conocerse, lo mismo es. ¿Por qué llevo toda la vida acomplejada por mi físico? Porque mi físico está mal. ¿Por qué está mal? Porque lo que está bien es estar delgada, y ser guapa. Recordad: descomponerse, conocerse. Está mal ser gorda, está bien ser delgada. ¿Quién dice eso? Porque todo es aprendido, la única construcción social innata es la necesidad de sociedad, sea ésta la occidental o la tribu pigmea. Qué cuerpo está bien lo dice la sociedad. ¿Por qué lo dice? Porque es más bonito ver a una chica delgada que a una chica gorda. Y aquí saltan las alarmas. El sentido estético es subjetivo. Entonces... ¿Una construcción social tan problemática viene de un concepto abstracto y subjetivo como la apreciación de la belleza? Posiblemente. Porque yo no estoy delgada, ni soy guapa, pero mi cuerpo no está mal. Mi cuerpo es un cuerpo, y un templo. Puedo saltar, reír, llorar, disfrutar. Puedo correr, saltar, levantarme, acostarme (con quien quiera y como me apetezca). Puedo hacer lo mismo que cualquier mujer considerada correcta. ¿Qué está mal?
Pues bueno, esa es la triste pregunta. Lo que está mal somos nosotros. Somos quienes queremos creernos esos porque nuestras vidas vacías necesitan un objetivo, y ese objetivo es la perfección. En cualquier ámbito. Y al igual que nosotras estamos presionadas para ser fisicamente perfectas (En el concepto de perfección actual), ellos están presionados para ser competitivos, cachas y dominantes. Los roles de género que ningún lenguaje inclusivo va a destruir. Podéis seguir el pensamiento por este hilo, y atar cabos, y descubrir un patrón social real y tangible. Pero eso tenéis que hacerlo vosotros, el autodescubrimiento es sólo una etapa del largo proceso mental que supone tirar de la manta que nos cubre.
Leed, cread, dad un paso adelante. Que nadie os diga con quien acostaros. Disfrutad de vosotros mismos, y no os creáis ningún cuento. Vuestra libertad termina sólo y exclusivamente donde empieza la del otro. No molestéis a quienes tenéis al lado, sed la mosca cojonera del que os diga quienes sois. Molestadles, vuestras ideas ya de por sí les resultan insultantes.
La revolución no está solo en internet. Salid ahí fuera y sed vosotros mismos. La normalización de una situación se da en círculos pequeños, que se van expandiendo. Aprended. Y recordad que el día 4 de enero de 2016 David Bowie fue calificado en El Mundo como "postmoderno".

sábado, 27 de junio de 2015

Caída horizontal.

No me estoy hundiendo. No me ahogo dentro de mí misma.
El orgullo es difícil de perder pero ¿qué pasa cuando se recupera? Cuando el "te quiero" pasa a ser "me quiero...", y no va seguid de un " ...morir" también nos caemos un poquito. Pero un poquito a 423 kilómetros por hora, exactamente la misma velocidad que llevaba el tren que nos unía, pero esa es otra historia.
Me estoy cayendo, pero me caigo en horizontal porque no me hundo. No se si me caigo hacia mí, hacia ti o lejos, pero ya he tropezado. Y de aquí al final es todo
Caída

miércoles, 17 de junio de 2015

Destino

Las cartas han sido arrojadas sobre la mesa,
nos controlan crueles e indiferentes a nuestros anhelos.
Con sus hilos de incoherencia,
clavados en nuestros omóplatos.
Nuestras rodillas fallan cuando ellas lo deciden,
nuestro corazón bombea cuando ellas así lo quieren,
nuestros labios arden cuando ellas lo necesitan.
Nos hemos caído y ahogado en un río
cuya corriente, incesable e incansable,
no nos dejará tomar aire jamás.
Nuestros pulmones nunca más podrán respirar.
Y entonces estaremos sublevados.
Encerrados en una espiral de hechos
que acontecen sin cesar,

y que queramos o no estarán más relacionados
de lo que nunca seremos capaces de adivinar,
y de admitir.
La casualidad más caprichosa e irreverente
tal vez haya sido que estés a mi lado.
Porque sabemos con certeza,
que nos vamos a marchar,
a marchitar cuando lleguen los rayos,
a perder en la inmensa marea alta.

Y que no podremos evitar rompernos
para siempre,
cuando el destino sienta el capricho,
de separar nuestras espaldas,
nuestros labios,
nuestras manos,
nuestros huesos,
y nuestras almas.

miércoles, 10 de junio de 2015

La actitud desenfadada llama más la atención cuando estás rodeada de gente.

Me enamoré de ti en ese autobús, Marta (si te llamaras Marta, es lo que te diría). Pero igual podría haberme enamorado de ti en aquel bar donde (no) te vi tomándote una 1925 (si te gustara) y moviendo el pie al ritmo de una estúpida y triste canción de Soko (si esas canciones sonaran en los bares a los que no vas) que tuviera una estúpida y triste consonancia con el día de lluvia (si tal vez no hiciera sol). Si me conocieras, Marta (ya he decidido que no te llamas así, pero por si acaso), quizá apreciarías el sabor amargo de una 1925 y el amargor (aunque no lo saborees igual) de una canción triste sin nadie que la comparta contigo.
Pero se acerca tu parada (si es que fueras a una parada cercana). Tú no sabes nada, no sabes quién soy (supongo), ni mucho menos te acercas a ser lo quien yo creo que eres (si es que yo creyera en algo aún). Pero a tu modo, eres perfecta.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Oda al primer café de la noche.

Me gusta el café solo, sin leche ni azúcar. Me gusta el café sola, por la mañana en el suelo de la cocina; y en buena compañía después. Me gusta el café fuerte, caliente o frío pero fuerte. Me gusta el café a cualquier hora del día o de la noche. Me gusta el café.
Me gusta el café exactamente igual que me gusta la vida.

lunes, 25 de mayo de 2015

Lloré cuando te fuiste, y cuando volviste.

Creo que estáis olvidando que la vida no sigue. La vida no es continua. La vida pasa, y cambia, y se para. Sobre todo se para. La vida te da muy fuerte, para bien y para mal, y se alía con el tiempo para que no te des cuenta. ¿Donde está septiembre? Ahora ya se ha terminado. Y todos los meses que vinieron detrás.
El tiempo ha pasado, yo he tomado mis decisiones y he llegado hasta aquí. Pero después de mil abismos me encuentro con que solo había saltado piedras que casi no se levantaban del suelo. Ahora tengo ante mi el verdadero agujero por donde llegar al centro de la Tierra. O eso parecía hace un segundo, porque la vida (esa arma de destrucción masiva) ha vuelto a hacer de las suyas y ahora estoy en caída libre hacia el suelo. Si es que lo hay.
Qué cerca está todo, y qué lejos están ya ellos... Qué mayores nos hemos hecho con los años, y qué pequeña me siento si no las tengo a mi lado con el uniforme del colegio en los recreos. No me imagino siendo yo la que se va, volviendo a esa estación a despedirme, pero ser yo la que se sube al tren sin haber comprado billete de vuelta. Verlos alejarse por la ventanilla. ¿Qué pensaré en el momento? ¿Habrá si quiera alguien allí despidiéndose o no habré querido molestar con escenas de película de sobremesa en casa de la abuela?  Y la vida, que se aburre demasiado a veces, se ha propuesto que de respuesta a esas preguntas.
Siempre pensé que este día no llegaría nunca, que me rendiría antes. Luego pasó todo, y sentí que de verdad no iba a llegar. Y ahora, quedan tres meses y pocos días para saber qué han sentido ellos cuando era yo la enana que se quedaba sola llorando en la estación.

La vida no es continua, pero continúa. Queramos o no. Es nuestra decisión hacerla valer la pena. +

martes, 7 de abril de 2015

Me fallan las ganas.

Hoy me he quedado sin fuerzas. Será la regla, los estudios (que me están matando este año), el día de mierda que llevo o cualquier otra cosa, pero hoy simplemente no puedo más.
Vuelvo a ti, como siempre, una vez más; a decirte en una entrada lo que no tengo ganas de decirte por chat. Porque nunca tengo ganas de decirte nada por chat. Me parece un medio de comunicación horrible, frío, vacío de sentimiento y expresión. Me comunicaría mejor por tam-tam y además tendría más clase. No, yo quiero hablarte sobre como de bien me he sentido esta mañana cuando me han hablado como si fuera una más, y sobre como de mal me ha sentado la nota de matemáticas. Quiero hablarte sobre el coraje que me dan cosas banales, y sobre lo que me importan otra sarta de estupideces. Pero quiero hablarte sobre eso compartiendo el sofá, la cama, el espacio. No me gusta ese chat. Estoy enfadada con él.
Quiero decirte que te quiero de mil maneras, pero estoy muy cansada como para ponerme a buscar palabras que lo expliquen. Es mucho más fácil darte un abrazo y un beso.
Quiero acostumbrarme a ti.
Acostumbrarme a mí, a las entradas vacías de contenido, a los días que no pueden ser de colores.
Mañana será otro día. Dicen.

martes, 20 de enero de 2015

E pur si muove.

¿Qué hago aquí? Es una pregunta que se acerca bastante a lo que tengo en la cabeza ahora mismo. ¿Por qué estoy escribiendo otra vez? Y además ¿Qué se supone que estoy haciendo a esta hora metida en la cama escribiendo?
Son preguntas, todas ellas, que no me planteo responder. Y así es como puedo definir mi vida en los últimos tiempos. Preguntas que tienen una respuesta a la que no me quiero enfrentar o a la que no puedo llegar.
Doy gracias a que voy a clase todos los días y eso me mantiene una rutina provisional (como todo últimamente) que a duras penas consigue que no me caiga del todo en aturdimiento en el que estoy metida. De no ser por esa rutina no sabría qué día es hoy. Y no penséis que es algo anormal, cualquier científico lo entendería fácilmente, porque la razón de este estado entre el colapso nervioso y la narcolepsia viene tras un cambio en mi sistema de referencia. Lo que yo consideraba quieto, inamovible, eterno y real resultó estar volando a 200 por hora, y yo fui lo bastante tonta como para no cuestionarme hasta que mi mundo se acabó. Tan joven y he sobrevivido a dos bombas nucleares directas a mis sentimientos. Vaya, como para no estar dormida. Mucho más si contamos que yo estaba en el Pentágono firmando mi sentencia de muerte y destrucción.
No se a qué viene todo esto si no es para autoconvencerme de que tengo que seguir adelante como haría un buen científico, reaccionando con sorpresa y localizando nuevos puntos de referencia con los que elaborar un nuevo sistema. Pero yo soy de las que creen que en el amor (como siempre, mi tema estrella) no todo es una reacción química donde se segrega serotonina y no se qué más, que eso es para los demás pero para mí, como lo sufro, es un mundo dentro de otro. Es como las drogas alucinógenas, para todos es una pastilla o un cuadrado de papel duro menos para el que se las toma, que las ve como otro mundo.
No se nada, no soy científica, solo te echo de menos.
Por mucho que sepa que todo es un error mío, sigo intentando demostrar que 2+2 a veces no es 4. Que las cosas cambian. Que los sistemas de referencia antiguos se quedan acumulando polvo en un cajón.
Tal vez las cosas no puedan ir peor, o tal vez estoy vacía porque no pueden ir mejor. O simplemente no van como yo quiero que vayan.
Que le jodan. Te quiero.
(No se si eso es bueno, para ninguna)

domingo, 19 de octubre de 2014

Las dos formas de hacer algo que a nadie le importa.

Me levanté de la silla. Fui a la cocina. Llené el hervidor de agua y lo coloqué de nuevo en su base. Pulsé el botón de encendido y di un paso atrás para apoyar la espalda en la pared. mientras esperaba a que la máquina terminara su trabajo, pensé: "¿dónde están los matices?" Antes los colores tenían tantas tonalidades como cuadros diferentes podían pintar las mañanas. Me di cuenta, atenazada por el espanto, de que había crecido. La independencia me había apartado de la sorpresa cotidiana por cualquier detalle inadvertible para cualquiera que no hubiera vivido tres cuartas partes de su vida con una cámara al cuello. Y, en ese mismo instante en el que sentía una mezcla de terror y desconcierto, decidí involucionar hacia una niá de siete años a la que regalan su primera cámara desechable. justo ahí, cambié mi mundo. Y volví a empezar.

Miré fijamente los libros que acumulaba, abiertos casi aleatoriamente, a lo largo y ancho de mi mesa de estudio. Hastiada, pensaba en la forma en la que estaba malgastando una preciosa mañana de domingo. Abrí la ventana, dejando entrar una bocanada del frío aire que aún insistía en recordarnos que la primavera necesitaba un período de adaptación. En un impulso casi reflejo me estiré y saqué la cabeza por la ventana. Y vaya vistas. Había unas nubes grises cubriendo el minúsculo pedazo de cielo que se advertía a través del patio inferior que formaba mi bloque de pisos. Y aún peor, una aglomeración de gris oscuro como la noche se acercaba. Decididamente, iba a ser un domingo de lluvia. Me levanté de la silla, no sin antes dar un par de vueltas sobre el eje de la cómoda butaca de escritorio de mi estudio. Deambulando un poco por la habitación, fijé la mirada en el dorso de un libro. Escritas en blanco sobre la baqueteada cubierta marrón se veían, con dificultad, el nombre del autor y el título del libro. "¿Por qué el nombre del autor se resalta más que el del libro?" pensé. Si yo escribiera un libro, dejaría destacar el título. No quiero que la gente me lea por quién soy, si no por lo que escribo. Siguiendo el hilo de mis pensamientos, salí de la habitación. Pasé por delante de la falsa copia de La Gioconda que, al girar, se convertía en una calavera. Un hallazgo estúpido de estos de mercadillo que a mí siempre me sacan la sonrisa. Con esa sonrisa tonta entré en la cocina. Mecánicamente, me dirigí hacia el hervidor de té que había conseguido hacía un par de semanas. Gran compra. Llené la jarra, procurando no sobrepasar el límite. No me apetecía limpiar la encimera de agua hirviendo. Coloqué la jarra en el soporte y pulsé el botón. Acto seguido, di un paso atrás para apoyar la espalda en la pared, como hacía siempre. Y, satisfecha, observé las burbujas intentar escapar de la prisión donde las estaban torturando. Más satisfecha aún conmigo misma por haber recuperado un poco de la predilección por los matices tontos que hacen la vida interesante.



Désolée pour hier soir.

J'ai fabriqué les mots qui font ma prope révolution
Je suis morte pour renaître
Car on ne peut construire sans démolition.

¿Lo era?

El agricultor compró semillas de tomate. Debido a un error del tendero, estas semillas estaban mezcladas. Solo creció una mata de tomate, que soportó toda su vida las burlas de sus compañeras, las berenjenas, por ser un error.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Mi tú favorito sin otras opciones donde elegir.

Me había prometido no hablar de amor, y sobre todo no hablar de ti. Especialmente, quería dejar de escribirte como te hablo en mi cabeza, para asumir que ya no me escuchas como antes. Pero bueno, aquí estoy. En realidad... No tiene sentido. Porque no tengo nada que decirte. Ni tampoco tengo nada que escucharte. Supongo que lo que tengo pendiente son silencios compartidos. Y esos sí que no vuelven. Ahí si que no hay segundas oportunidades. Pero oye, que quizá, que tal vez, que puede que me engañe a mí misma y todo siga bien. Que eso se me da genial. Dicen.
Me siento política, escribiendo sin pensar y sin decir nada. Pero, cuando los políticos hablan, ¿se dirigen a alguien? ¿Alguien los entenderá como tú a mí? Porque se que si lees esto, entenderás el significado que hay en cada una de las frases, que por supuesto no tiene nada que ver con lo que el resto ha comprendido. Porque tú eres tú, mi único tú con fundamento, sin posibilidades pero con esperanza.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Breve presentación para los que ya me conocen de más.

Me he visto en panorámica horizontal cientos de veces,
cuando logro centrarme, y gritarme : ¿Pero qué coño has hecho?
Y ni yo misma sé como he logrado salir del túnel.
Tal vez estemos mejor viviendo en la ignorancia recíproca.
Por algo dicen que los tontos siempre son más felices.
Para los que me vean como un ejemplo de superación...
la lleváis clara.
Sólo soy una mezcla de cobardía, impulsividad,
indecisión, caos, y decisiones poco acertadas.
Pero de tantos errores, surgen victoriosos algunos aciertos.
Por llevar casi 365 pegadillas pegadas al cuello,
por acarrear historias de nieve y fuego contadas con férrea
tinta en la planta de mis pies,
en la espalda, y en la sien.
Por tener 50 aullidos atascados en la garganta,
uno por cada vez que me ha dado por mirar atrás.
Ésta soy yo, amigos.
Poco más que contar.
Sin embargo, hoy me doy las gracias.
Por todo lo que he hecho por mí.
Porque ser egoísta de vez en cuando, tampoco viene tan mal.

domingo, 24 de agosto de 2014

6:08 de un sábado cualquiera

Algún día podré tocarte algo con la guitarra mientras tú lees cualquier cosa en el sofá, sin que levantes la vista y me mires, no sea que entiendas que llevo escribiéndote canciones desde antes de conocerte.
Pero esta noche me he propuesto hablar de cualquier cosa que no seas tú.
La existencia, por ejemplo. Es una forma de empezar.
Existo. Existes. Existimos. La existencia no me interesa.
La sociedad. Sí, la sociedad. Éso también me vale.
La sociedad mutila la naturaleza. Como nosotros. Como mi sonrisa torcida. Como tu espalda afilada.
Hablaré de todo lo que no tocas, aunque eso suponga recurrir al susurro del silencio. Aunque el silencio huela a tu cuello. Aunque la naturaleza pretenda atravesar mis muros y morir ella misma en el infierno que sabe que encontrará ahí.
Hablaré de cualquier cosa.
De la Luna. De los celos. Del enjambre de dudas que zumban tu nombre.
De la nada. Sí, de la nada.
Es un lugar tan inmenso
Que tú
Casi
Casi
Casi
Casi cabes dentro.

jueves, 21 de agosto de 2014

Cenizas, miedos, y puñaladas.

Porque tú eras tan tú, y yo tan yo,
que no necesitábamos ninguna explicación.
No necesitábamos ninguna palabra de apoyo,
ningún ''todo va a salir a bien'',
sabemos de sobra que nada saldrá bien.
¿Qué esperabais de nosotros?
dos animales metidos a pulso en cuerpos humanos,
tan nosotros, tan inexplicables, tan, tan,
tanto que hasta dolía cuando me mirabas..
¿Acaso esperabais que todo fuese lo mismo?
pero como coño va a ser lo mismo,
después de tantas lunas, tanta lluvia,
tanto frío, tanta nieve.
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Las cenizas a veces resurgen.
Resurgen y me recuerdan lo que soy,
me recuerdan lo que fui, de la pasta que estoy hecha.
Pero nunca sabrán lo que seré.
Las cenizas a veces vienen, a hacerme compañía
en mis noches más oscuras (aunque llenas de luz, a la vez),
vienen y las hijas de puta vuelven a encenderse.
Se reencarnan en el fuego que un día fueron.
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No,no, no no.
No es lo mismo, lo sé.
Pero admítelo, aún eres incapaz de mirarme fijamente.
¿Acaso tienes miedo de volver a perderte en mis ojos?
Admítelo, aún te da miedo que nuestras pupilas se crucen.



lunes, 18 de agosto de 2014

Cuadernos de cuadros.

Mente cuadriculada. Acciones correctas, rápidas, directas. Una noche como otra cualquiera. Sola. En casa. Tranquila. Relajada. Imposibilidad de unir una frase con otra.
El tiempo pasa. Enciendo el reproductor de música. Aleatorio. Black Sabbath. Sonrío. Cuarto cajón del mueble. La inspiración en pastillas. Entro en trance.
Entro en trance y un mundo frenético de luces y colores me dispara a quemarropa en el pecho. Pero no sale. Se queda dentro de mí, recorriendome desde los pies hasta la cabeza y uniendo las frases inconexas. No dejo de sonreír, porque una vez más he ganado la guerra sin oponente. Me he reinventado y, quizá, quede menos para romper el espejo desde el que miro la vida.
Pero ahora viene el solo, la guitarra que me atrapa y me utiliza a su antojo. Y no quiere que escriba. Pero tú y yo sabemos cómo sigue todo ésto. Y su final inexistente, inequívoco, infinito.

lunes, 21 de julio de 2014

Los puntos de sutura no pueden ser suspensivos (1)

Ese día. Ese día me levanté y noté el cambio. Antes de poder poner el pie en el suelo, la noche anterior volvió a mí como un flechazo. Había muerto. Había muerto de todas las formas crueles, sangrientas y dolorosas que podía imaginar, y aún faltaban detalles que no querían ser recordados. Pero, por alguna razón, seguía viva.
Me desnudé y, cuando me giré frente al espejo de la ducha, no pude ahogar el grito de terror al ver la inmensa cicatriz que me cruzaba el cuerpo. Del cuello al estómago. Horrible. Aterradora. Viva.
Y lo entendí todo. Me habían transplantado el corazón. Pero no había entendido lo más importante, qué corazón me habían puesto. Y no lo entendí hasta que salí a la calle y sentí que el todo era yo. Que yo era el todo.
Me habían puesto el corazón de la ciudad. Y ese corazón funcionaba solo. Todo era diferente, y cada calle con cada rincón que había visto cada día de mi vida hasta esa mañana parecía formar parte de otra ciudad diferente. Y ¡Vaya matices!
La ciudad está sumergida, ahora lo se. Por eso los aviones que surcan el cielo dejan una estela, como los barcos. Por eso a algunos nos resulta tan difícil salir de la ciudad. Tenemos que luchar contra algo más pesado que el aire, porque nos enfrentamos a nuestra necesidad de respirar.
No estaba sola. El gentío de la ciudad era como la sangre que circulaba por las venas. Y yo tenía el corazón que la bombeaba.